"El Padre vino a mí para que escuchen su voz en mi voz.
Hoy mis ojos duelen y están rojos, recetas me daréis, pero en realidad se cansan de ver lo que ven.
Los oídos también deberían doler.
Pues ni las palabras ni los hechos cambian sus caprichos.
No diré 'escuchad', pues no tienen oídos.
No diré 'veráis' porque no lo hacen.
Tomas las palabras y escrituras sólo por curiosidad!! No por cambiar lo que cambiaron.
El Padre me mandó a hablaros, sin embargo sólo con Él y mis palabras estoy. Aseguro que se dejan regar y crecen. Cuando a ustedes el agua de la vida quiero dar, abren sus paraguas.
Asoman sus preguntas con sus propias respuestas.
Necios, el corazón de piedra tenéis que sólo me dejáis más solo; ustedes están, pues mis asientos vacíos de ustedes están y llenos de Espíritu Santo.
Pues ustedes llenos de gente estáis sin Espíritu Santo.
Pido al Padre que Bendiga su iniquidad y falta de Fe.
Que Bendiga sus corazones, sus mentes, porque ya sufren y no saben cuánto sufrirán.
Porque el Reino les dice: 'Este hijo físicamente está. Y su alma tiene ejército celestial.'
Julio César dice: 'Aprended, nada tengo y todo tengo. No me siguen sin embargo yo cordero Apóstol os sigo. Verdadero amor tengo y espero por su bendición. A ver para que mis ojos vuelvan al blanco nueve de paz y felicidad.'
Sabed que se cumple la palabra de Cristo, que ahora está y no véis.
Bendigo su alma y que se escuche esta plegaria en todo lo creado por el Altísimo.
Julio César."
Enero de 2006.
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